Enseñanza Esenia IV

El proceso de iluminación de Jesús está lleno de misterios, aquello que conocemos como «Los años perdidos» son un tiempo lleno de grandes e increíbles experiencias vitales.

Jesús viajó por todo el imperio que Alejandro Magno conquistó y fue incluso más allá para aprender las enseñanzas esotéricas que habían sido transmitidas de generación en generación, por los más sabios.

Además de verificar por si mis dichas informaciones adquiridas en sus viajes, las puso en práctica durante su vida pública, para él no guardaban ningún secreto sino que su consciencia crecía y se iluminaba con cada una de ellas.

Seguramente lo que más conocemos de Jesús, de sus discípulos y sus más allegados seguidores es que eran grandes sanadores, no por que fueran grandes médicos sino porque eran grandes conocedores del alma, de su función en la vida y de las enfermedades que se suceden cuando no se escucha la voz del alma.

Conocer estas enseñanzas y practicarlas crea un campo de vibración alrededor del cuerpo físico lleno de luz de forma casi permanente, que modifica la bioquímica del cuerpo físico y su función orgánica, además de modificar el ADN.

Por lo tanto hace que seas capaz de comprender de forma amplia todo lo que sucede en la vida. La comprensión de la realidad es determinante para crear una vida con orden y en armonía.

Por eso Jesús solía decir: «No te preocupes, déjalo todo y sígueme…»